Murió el actor cubano de cine Miguel Benavides

por el 16/07/08 at 9:14 am

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La Habana, 14 jul 2008 (AIN) En horas de la tarde de hoy, falleció en su natal Manzanillo el actor Miguel Benavides a causa de una penosa enfermedad.

Su amplia carrera artística, que se inició en 1960 —al formar parte del Coro Polifónico Nacional en la cuerda de bajo—, la concilió, durante años, con su profesión de médico.

El gran talento que poseía y su permanente entrega al arte le valieron el reconocimiento internacional como una de las figuras más importantes de la escena y el cine cubanos.

Son memorables sus actuaciones en filmes como: La odisea del General José, La primera carga al machete, El otro Francisco, Cecilia, Patakín, Habanera y Plácido.

En el teatro lo recordamos por su desempeño en las puestas de María Antonia, Ocuje dice a Martí, Divinas palabras, La Chacota, La piedra de Elliot y La Celestina.

Incursionó también en la televisión, en seriales como Hermanos y Cuando el agua regrese a la tierra.

Incluso en medio de las difíciles circunstancias a que lo enfrentó su mal estado de salud en los últimos años, Miguel Benavides no detuvo su labor pedagógica ni renunció a su sueño de volver al cine.

Sus restos mortales serán trasladados a la capital para recibir los honores de sus familiares y amigos. Benavides contaba al morir con 69 años de edad.

A CONTINUACION REPRODUZCO UNA ENTREVISTA TOMADA DEL PERIÒDICO “LA DEMAJAGUA”

Después de muchos años, el actor Miguel Benavides, ha vuelto a establecerse en su Manzanillo natal, donde será homenajeado a propósito de su descollante intervención en la historia del cine cubano, en el contexto del aniversario 45 del Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficas (ICAIC)

Por Ramón L. Cabrera Figueredo

Foto Osmar Pérez Lozada

Publicado: 19 de marzo de 2004

El director dio una voz de mando: “¡Cortén!”. Se hizo un receso, estábamos grabando un cortometraje para nuestra tesis de graduación en el Instituto Superior de Arte (ISA).
Miguel Benavides Chávez (Manzanillo, 1939) entró al bar, locación de trabajo ese día. Su figura, sombrilla en manos, semejaba un gentleman con bastón rojo, tez oscura y cabellos absolutamente blancos.

-¿Puedo ayudar?- inquirió.
-No tenemos cigarros para esta escena- dijo alguien que no previó se los fumaran todos de pura ansiedad.
Benavides alargó su mano izquierda y sacó, como en las buenas películas del lejano oeste, lo suficiente para terminar el día, con la deuda contraída de poner este gesto en los créditos del video.
La idea de entrevistarlo nació en ese momento, pero con un marcado interés documental. Mientras él se persuade o se decide de lo posible y real de esa variante, comparto con los lectores esta conversación con una de las principales figuras del teatro, el cine y la televisión en Cuba. Resulta, pues, un intercambio entre el maestro y un alumno, entre dos amigos, como pretendidamente somos.

-¿Cómo pudo a lo largo de su vida profesional simultanear dos carreras tan diferentes como la medicina y la actuación?
 

Primer plano de Miguel Benavides

Palabras escritas por el director cinematográfico Fernando Pérez (Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana) para ser leídas en el homenaje que se le hizo al reconocido actor del cine cubano, en la Tercera Muestra de Jóvenes Realizadores, La Habana, 2004 (+)

Filmografía de Miguel Benavides (Manzanillo, 1939)

-Las dos me gustan mucho, aunque primeramente incursioné en la actuación. Fue en la Sociedad Maceo; me estrené, entre otras

cosas, con una canción de Harry Belafonte que era muy famosa entonces.

En el garaje de mi casa hicimos comedias, skechts, etcétera. Aquello quedó, y es curioso porque en mi familia no hay nadie relacionado con las artes escénicas.

“Pero lo primero que hice al llegar a La Habana fue cantar: la casualidad quiso que integrara el Coro Nacional, en la cuerda de los bajos. De ahí que ese resultara mi verdadero debut artístico. En la medicina me enrolé cuando abrieron la Universidad, la capital del país era un hervidero. Quise, incluso, alfabetizar, pero no me lo permitieron por los estudios que realizaba.”
-Dentro de las artes escénicas, ¿cuál es el medio que más le gusta?

-El teatro, indiscutiblemente. Estudie en la Escuela municipal de artes dramática de La Habana. Allí siempre se hacían obras a finales de curso, recuerdo haber participado en una de Eugene O’Neill llamada En la zona, junto a Carlos Pérez Peñas y otros.
“Suelo ser muy acucioso en la cuestión de la puesta en escena, de la dramaturgia. Eso me lo enseñaron directores como Roberto Blanco y Nelson Dorr. Soy el tipo de actor que hace aportes de momento en las obras que realiza, cosas que se me ocurren y las incorporo; algo aceptado por gran cantidad de directores, pues son bien pensadas.
“El Cine me captó después. Al igual que otros colegas, hice las pruebas para la película Crónicas cubanas, y las aprobé. Ese filme, relacionado con los sucesos de Playa Girón, fue dirigido por el uruguayo Ugo Ulive, quien luego fuera el primer rector del ISA.”

-¿Cuál es su predilecta entre las 18 películas en las que ha trabajado?
-La odisea del General José, de Jorge Fraga; aunque siempre me gusto El otro Francisco, de Sergio Giral. La odisea… fue la que más entendí, para ella me nutrí de muchas fuentes históricas, y eso permite que las cosas fluyan mejor. En tal preparación me ayudó Luis Felipe Bernaza, a quien siempre le he agradecido por su inestimable ayuda.

-Si tuviera que escoger una cinta del cine universal, ¿cuál seleccionaría como la mejor?
-El ciudadano Kane, de Orson Welles, esa me golpeó mucho. Podría citar las películas de Griffith y Eisenstein, pero Welles era un genio. Chaplin también me ha tocado hondo en otra medida. De él admiro la sensibilidad, y aunque la gente me dice que no, lo considero muy brechtiano, porque en un momento de tragedia se va a otra cosa, cómica por ejemplo, y de plano te olvidas de lo malo, de lo inhumano.

-¿Y del cine cubano cuál escogería?
-Seleccionaría dos…
-No, le pedimos una sola…

-Bueno… Suite Habana, de Fernando Pérez. Es una cinta muy revolucionaria, la película que le hubiera gustado hacer a Titón (Tomás Gutiérrez Alea) cuando realizó Guantanamera, pero en esta hay muchos actores, demasiada ficción. Suite… me mandó para el hospital, me hizo vibrar; contiene mucha carga humana, sacrificio: estar aquí, seguir aquí, vivir aquí, amar esto es lo principal, y sobre todo tener sueños…

-¿Puede decirme algo de su experiencia en la televisión?
-Ese medio da rápida popularidad si tu personaje cala en la audiencia, los televidentes son muy agradecidos. La televisión te posibilita entrar en los hogares sin pedir permiso; más que un acto social, es una comunicación ideal, personal, catártica, subliminal y sutil. Uno recibe muy rápido la retroalimentación del trabajo. Lo último que hice para la pantalla pequeña, fue la telenovela Salir de Noche.

-¿Por qué ha decidido establecerse nuevamente en Manzanillo, después de más de 40 años de ausencia?
-En primer lugar, una promesa hecha a los manzanilleros en un carnaval, junto al poeta Alex Pausides. Luego, al saber que padezco un cáncer de pulmón tenía que buscar un lugar seguro para mi madre, con quien vivía solo en La Habana. También, siento un sincero gusto por hacer teatro aquí: aunque no suba al escenario quiero poner todos mis conocimientos al servicio de la cultura escénica en Granma, especialmente en Manzanillo.

-Una pregunta que se recicla: ¿qué proyectos tiene?
-Mis proyectos los hago por las solicitudes que recibo. Pero tengo una salud crítica para un actor, ya no puedo montar a caballo o en avión, por lo que he tenido que rechazar invitaciones. Por lo pronto seguiré abogando por que la cultura en Manzanillo dé un salto. En este sentido pienso dirigir Sueño de una noche de verano, algo que tiene que ver mucho con nuestra ciudad, aunque sea una obra de Shakespeare.

-Recientemente recibió un homenaje en la Tercera Muestra de jóvenes realizadores, auspiciada por el ICAIC, y la semana próxima aquí en Manzanillo también será agasajado ¿Qué piensa al respecto?

-Los homenajes no me gustan, cada vez que se hacen la gente se muere, pero hay que aceptarlos y lo agradezco. De todas maneras, no creo ser merecedor de ellos. Si bien fui uno de los primeros actores del ICAIC, existen otros nombres que son insoslayables, como los ya muertos Tito Junco y Adolfo Llauradó. Está Samuel Claxton, que es un señor actor, y se hizo de la nada. Mario Balmaseda… en fin son muchos los que podría citar.
“Pienso que en este caso el homenaje no es para mí, o para un actor determinado, sino para el ICAIC, instituto sin el cual no hubiera un Miguel Benavides, un Samuel Claxton, ni ningún otro. Por eso lo acepto con humildad.”

Primer plano de Miguel Benavides

Palabras escritas por el director cinematográfico Fernando Pérez (Clandestinos, Hello Hemingway, Madagascar, La vida es silbar, Suite Habana) para ser leídas en el homenaje que se le hizo al reconocido actor del cine cubano, en la Tercera Muestra de Jóvenes Realizadores, La Habana, 2004

Publicado: 22 de marzo de 2004
-Eso es saber actuar en cine- me dijo Julio del Campo (un Ingeniero tan cinéfilo como yo) y fui corriendo a ver Crónica cubana.

Yo tenía 19 años y vivía deslumbrado por las propuestas de la nueva ola francesa, por la política del “cine de autor” de Cahiers du Cinema y el cine de Alfred Hitchcock .

Hasta ese momento, nada del cine cubano había despertado en mí una verdadera emoción. Nada, excepto el último cuento de Historias de la Revolución, donde la frescura de sus encuadres, la épica colectiva casi documental y la presencia magnética de Miriam Gómez, me ilusionaron con un cine cubano acorde con mi lógica intolerancia de joven aspirante a cineasta que ignoraba todo lo que me faltaba aún por aprender.

Crónica cubana fue otro intento fallido. Pero en mi memoria quedó la imagen de Miguel Benavides al final de la película, su rostro en un escrutador e implacable primer plano, solo él frente a una cámara que se hizo invisible porque lo único visible, lo único palpable, lo único real en ese instante era el dolor del personaje: su dolor.

El ingeniero Julio del Campo tenía razón: Miguel Benavides se revelaba como un actor que sabía actuar para el cine.
Con el tiempo he confirmado que actuar para el cine es un don que se tiene o no se tiene, porque la actuación cinematográfica es una relación misteriosa que sólo la cámara es capaz de establecer con el autor para revelar sus estados de ánimo, sus más inefables sentimientos, su “aura” invisible para los ojos.

Y Miguel Benavides –quien durante más de tres décadas contribuyó al esplendor de ese cine cubano que en 1963 solo se intuía–, fue enfrentándose en cada película a esa magia misteriosa que se crea entre cámara y actor, y en muchas ocasiones logró penetrar algunos de sus arcanos.

La Odisea del General José es una de esas ocasiones. En ella compartimos y sentimos con el actor el frío de las montañas, la humedad de la lluvia, la soledad del monte, la desorientación, el hambre, la sed, el cansancio, la levedad del rocío. No sólo porque Miguel supo expresar orgánicamente las acciones físicas, sino también porque convirtió esas acciones físicas en estados de ánimo.

Y porque Pablo Martínez se hizo cómplice del actor: lo fotografió con el lente justo, con el encuadre exacto, con la sintonía expresiva cámara-actor que hace respirar al personaje en la pantalla.
Siento que esa respiración cinematográfica que define gran parte de la amplia filmografía de Miguel Benavides continúa viva, aunque la vida lo halla enfrentado a difíciles derroteros personales en años recientes.

Por eso pedí escribir estas palabras, con el anhelo (que ojalá sea certeza) que en una próxima muestra o en cualquier filme, veamos un nuevo primer plano escrutador como el de crónicas cubanas, otra complicidad del actor con la cámara, en la que Miguel Benavides nos entregue nuevamente todo su talento y humanidad.

 

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